La visión del ombligo, de un
ombligo bonito, perturba. Lo dice un amigo mío, al que le gustan especialmente
los ombligos.
Confieso que nunca me fijo en
los ombligos, por muy eróticos que les resulten a algunos hombres. Conozco a
varios, a los que les he escuchado hablar de esto, pero no acabo de verle la
gracia a este resto de cicatriz circular que nos queda cuando nos han cortado
el cordón umbilical que nos unía a nuestra madre y que ya no vuelve a servir
para nada más en la vida, salvo para los devaneos eróticos.



